Tuesday, October 27, 2015

Fiat 1800 1959-1961

Hace poco tiempo vimos el Fiat 1800 que se expuso en Autoclásica 2015, hoy, veremos la ficha técnica que corresponde a los modelos que van del año 1959, cuando se lo presentó en Italia, hasta el año 1961. El automóvil exhibido en Autoclásica es del año 1960, así que le corresponden estos datos técnicos. La línea era 1800/2100 con diferencias en la cilindrada y potencia, pero con un motor de 6 cilindros en línea con un notable parecido al Fiat 1500 que conocimos en Argentina. La cilindrada era de 1.795 centímetros cúbicos con una potencia de 85 HP SAE lo que le permitía alcanzar los 140 kilómetros por hora. El modelo 1800 se ofrecía como berlina y rural ambos de cuatro puertas. La carrocería había sido diseñada por Pininfarina en el año 1959 con gran similitud con el Austin A50 (1958) y con el Peugeot 404 (1960). El Fiat 1800 era un auto de cierto lujo por las terminaciones y los accesorios que ofrecía a los potenciales clientes. Si bien el asiento delantero era enterizo tenía los respaldos separados tipo butaca y eran reclinables. El asiento trasero tenía un apoyabrazos central. Otro detalle era el ventile de las puertas traseras que se podían abrir, igual que en el Siam Di Tella que conocimos los argentinos. Gracias a la gentileza de Ivan Boiero Sutter, seguidor de Archivo de autos, es que podemos contar con las vistas dibujadas del Fiat 1800. Para los que no vieron el Fiat 1800 de Autoclásica 2015 les dejo el enlace de la nota:
http://archivodeautos.blogspot.com/2015/10/fiat-1800-otra-rareza-de-autoclasica.html



Marca: Fiat  Modelo: 1800  Año: 1959/1961
Motor: naftero  Ubicación: delantero  Marca: Fiat
Cilindros: 6 en línea  Cilindrada: 1.795 cm3
Diámetro: 72 mm.  Carrera: 73,5 mm.
Potencia: 85 HP SAE  Compresión: 8,8:1
Tracción: trasera  Caja de velocidades: cuatro marchas hacia adelante y retroceso con palanca de cambios al volante
Suspensión delantera: independiente con barras de torsión con brazo superior triangular y amortiguadores hidráulicos 
Suspensión trasera: eje rígido con brazos reactores laminados tipo elástico con resortes helicoidales y amortiguadores hidráulicos
Frenos delanteros: a tambor  Frenos traseros: a tambor
Dirección: de gusano y rodillo
Neumáticos: 5,90 x 14 pulgadas
Dimensiones: Largo: 4.465 mm.  Ancho: 1.620 mm.  Alto: 1.425 mm.
Distancia entre ejes: 2.650 mm.  Trocha delantera: 1.340 mm.
Trocha trasera: 1.307 mm.  Plazas: 5
Velocidad máxima: 140 Km/h aproximadamente

Autor: Mauricio Uldane
Escaneo: Ivan Boiero Sutter
Fuente: folleto de Fiat de Alemania


Archivo de autos es armado en un ciber por falta de recursos económicos ya que no cuenta con financiación de ningún tipo.

Monday, October 26, 2015

Citroën GS con motor Wankel

La empresa Société Anonyme Automobiles Citroën fabricó en Francia el Citroën GS Birotor con motor Wankel o motor rotativo. Hoy conoceremos un poco más de cerca este automóvil gracias a la gentileza de Ivan Boiero Sutter, seguidor de Archivo de autos, que me facilitó los datos técnicos y las fotografías para ilustrar la nota.

El Citroën GS Birotor del año 1973 visto de frente.
La parrilla era diferente a los demás modelos de la gama GS.
Fotografía gentileza de Ivan Boiero Sutter.


NSU Motorenwerke Aktiengesellschaft (sociedad anónima) desarrolló el motor Wankel, que fue un invento del ingeniero alemán Felix Wankel. A mediados de los años cincuenta comienza con los ensayos de este motor rotativo. Con el correr de los años logró fabricar automóviles de serie con la marca NSU y el motor Wankel.

Citroën usó la patente para fabricar el GS Birotor a mediados de los años setenta. El motor Wankel al no tener cilindros como los automóviles con el clásico motor de combustión interna, que todos conocemos, no tenía cilindrada. Sino volumen de trabajo.

Vista de ¾ de perfil delantero derecho del Citroën GS Birotor de 1973.
Fotografía gentileza de Ivan Boiero Sutter. 

Pero se le asignaba una cilindrada para poder compararlo con los motores tradicionales. El GS Birotor tenía una cilindrada de 1.990 centímetros cúbicos para poder tener una idea del tamaño del motor. Aunque los motores Wankel siempre fueron más chicos que los motores con cilindros a igual cilindrada.

La potencia era de 107 CV DIN a 6.500 revoluciones por minuto con una relación de compresión de 9:1. La potencia fiscal, de uso en Francia, era de 11 CV. La cupla era de 14 kilográmetros a 3.000 revoluciones por minuto. El encendido era electrónico y la alimentación del motor corría por cuenta de un carburador Solex de doble cuerpo. La bomba de nafta era eléctrica.

El sistema eléctrico era de 12 volts con una batería de 70 amperes por hora y el alternador de 760 watts. Además tenía una alarma sonora cuando el motor superaba las 6.800 revoluciones por minuto. La refrigeración por agua tenía una presión de 1 bar y contaba con dos ventiladores con dos motores eléctricos para la circulación. El radiador tenía un volumen de 0,21 metros cuadrados. 

La cola del Citroën GS Birotor de 1973.
Fotografía gentileza de Ivan Boiero Sutter
La caja de cambios era semi automática sin pedal de embrague con 3 marchas hacia adelante sincronizadas y marcha atrás. La palanca de cambios estaba ubicada en el piso con una consola. Los entendidos dicen que lo aconsejable en el motor Wankel es una caja de accionamiento manual para aprovechar el régimen de vueltas.

La dirección era del tipo a cremallera. Los frenos eran a disco en las cuatro ruedas con doble circuito. En el eje delantero eran ventilados. La superficie de frenado era de 289 centímetros cuadrados con dosificación automática. Además había un testigo lumínico en el tablero para indicar el desgate de las pastillas de freno.

El interior del habitáculo del Citroën GS Birotor de 1973.
Noten la ubicación de la radio en la consola.
Fotografía gentileza de Ivan Boiero Sutter. 

La suspensión era hidroneumática que constaba de una esfera para cada rueda con un líquido que era lo que oficiaba de amortiguador. De esta forma se absorbían las irregularidades del camino. La suspensión era independiente para las cuatro ruedas pudiendo variar el despeje.

Las medidas del Citroën GS Birotor eran las siguientes: largo, 4.120 milímetros; ancho, 1.644; alto, 1.370 milímetros; distancia entre ejes, 2.552 milímetros; trocha delantera, 1.427 milímetros; trocha trasera, 1.348 milímetros y despeje, 145 milímetros. El tanque de combustible tenía una capacidad de 56 litros. Los neumáticos eran de la medida 165 HR 14 X AS. La velocidad máxima era de 175 kilómetros por hora y la aceleración, de 0 a 100 kilómetros por hora, de 14 segundos.

Fue presentado al mercado francés en el año 1973 y se discontinuó en el año 1975. Tan solo se fabricaron menos de 850 unidades durante este tiempo y no fue un auto logrado. Parte por el motor Wankel, por el precio elevado, por el consumo alto y por la crisis petrolera que ocurrió en esa época.

El completo tablero del Citroën GS Birotor de 1973.
Fotografía gentileza de Ivan Boiero Sutter. 

Las falencias, por entonces, de los motores Wankel era el alto consumo de combustible, que podía llegar a unos 25 litros cada 100 kilómetros recorridos, el Citroën GS Birotor. El otro problema era el consumo de aceite entre 600 a 1.000 kilómetros recorridos. También la alta temperatura de la cámara del rotor, en este caso de dos rotores, por eso el uso de dos ventiladores para enfriar el agua del radiador.

Recién cuando la empresa japonesa Toyo Kogyo Co. Ltd. comienza a mejorar el motor Wankel con la marca Mazda se comenzaron a ver beneficios. Realizó varios automóviles y en Argentina, con la apertura de la importación, conocimos el RX7. Para ese tiempo habían mejorado mucho al motor Wankel. El mayor de los problemas lo tuvieron con la contaminación ambiental. Nunca lograron estar a la altura de las exigentes normas europeas. 

El motor Wankel del Citroën GS Birotor de 1973.
Fotografía gentileza de Ivan Boiero Sutter.

Algo curioso en el Citroën GS Birotor es la ubicación de la radio en la consola entre medio de las butacas delanteras. El GS Birotor estaba mejor equipado que los demás modelos de la gama. Un mejor tablero y un mayor ancho de trocha con neumáticos de rodado más grande.

Que viniera con radio de fábrica era algo de alta gama por el gravamen que se le aplicaba al precio final del automóvil en Francia. Por eso se pudo ver en Argentina un auto como el Citroën CX 2400 sin equipo de audio. Sí con el espacio para colocarlo e incluso hasta el lugar para los parlantes en las puertas, pero sin radio y estéreo.

La parrilla del GS Birotor era diferente a los demás modelos, como para destacarlo del resto de los GS de esa época. Pero todo eso no bastó para que en el año 1975 se lo discontinuara definitivamente luego de fabricar casi 850 unidades. Incluso la empresa Citroën salió a comprar las unidades que quedaban en el mercado porque dejó de fabricar los repuestos. Así y todo algunas unidades quedaron en manos de coleccionistas en la actualidad.

Gracias al envío de fotos que me hiciera Ivan Boiero Sutter es que hoy pudimos conocer un poco más de cerca, con imágenes de un folleto de la empresa Citroën, al GS Birotor con motor Wankel. Un automóvil que fue un fracaso de ventas, tal vez por no estar enteramente probado su motor rotativo en su época.

Mauricio Uldane
Editor de Archivo de autos


Archivo de autos es armado en un ciber por falta de recursos económicos ya que no cuenta con financiación de ningún tipo.

Sunday, October 25, 2015

Galluzzi + Pruden = fuera de serie

Muchos de los visitantes de Autoclásica 2015 vieron en el stand del Club de Automóviles Sport (CAS) un GPA (Galluzzi, Pruden Automóviles) que fuera fabricado por la empresa FAAS (Fábrica de Automóviles Sport SA) en Argentina desde el año 1975. Dicho GPA presenta un excelente estado de conservación en uno de los colores que se ofreció: verde inglés.

GPA visto de trompa en Autoclásica 2015 en el stand
del Club de Automóviles Sport. Foto del 9 de octubre de 2015.


El GPA tuvo el motor, la caja de velocidades y el diferencial del Fiat 125 que fabricara Fiat Concórd en el país. El diseño del automóvil fuera de serie estuvo a cargo del arquitecto Rodolfo Iriarte y el ingeniero Hugo Gramigna. Aunque el primero no participó de la construcción.

Muchas personas se lo confunden con el Antique que fabricara la empresa Eniak, pero que apareció en el mercado argentino diez años más tarde. Lo que podemos decir que el GPA parece ser el padre del Antique. Incluso en un principio el Antique iba a montar el motor del Fiat 125. Esto no pudo ser porque Sevel Argentina (Sociedad Europea de Vehículos para Latinoamérica) había discontinuado el modelo.

Los apellidos de la sigla del GPA eran Miguel Ángel Galluzzi y Federico Pruden. El primero un ex piloto de motocicletas y de la categoría Turismo de automóviles. Pruden, tengo entendido, se encargaba de la comercialización del GPA. También colaboraron en la construcción del fuera de serie argentino Jorge Mecone y Ernesto Casado.

El GPA tenía su carrocería de chapa con un chasis tubular y el capot, junto con los laterales, de aluminio. El peso estaba en el orden de los 850 kilogramos y le permitía alcanzar más de 180 kilómetros por hora. La aceleración estaba en poco más de 8 segundos para su primer kilómetro recorrido con partida de 0.

GPA de perfil en el stand del Club de Automóviles Sport.
Foto del 9 de octubre de 2015 tomada en Autoclásica 2015.

Hace casi tres años atrás fue la tercera pregunta que se hizo en Archivo de autos, antes que existiera “La Preguntita del Domingo”. Muchos creyeron estar viendo un Antique. En ese momento no sabía de la existencia de ninguno “vivo”. Ahora se que al menos dos están en buenas manos.

Uno este que fue presentado en Autoclásica 2015 y otro que tiene llantas del tipo Rudge, que no eran las originales, aunque le quedan muy bien. Eso es por su gran parecido con algunos modelos de la marca inglesa MG. El GPA de Autoclásica si tiene las llantas que le puso la empresa FAAS en el año 1975.

Menos de 10 unidades se llegaron a fabricar. Incluso hubo otro intento de reflotarlo con el nombre Python en el año 1979. Del GPA conservaba el diseño de la carrocería pero con mejoras estructurales y mecánicas. Estos datos me los pasó FAAS en una carta fechada en julio de 1979. El Python se construía por pedido con una demora de tres meses a un valor de 25.000 dólares sin impuestos internos. Los colores de la carrocería eran a elección del cliente.

La empresa pensaba ofrecerlo como kit para armar para el verano 1979-1980. Si recuerdan es cuando se abre la importación en Argentina. No creo que se concretara la venta de este kit similar al Lotus Seven de Gran Bretaña. Tampoco tengo datos sobre la existencia de un Python vendido y menos aún “vivo”.

Para ese momento FAAS estaba en manos de un grupo empresarial dedicado a la fabricación de veleros de fibra de vidrio con sede en la ciudad de Tigre en la provincia de Buenos Aires. Antes la empresa FAAS era de la ciudad de Buenos Aires con su taller en la calle Suárez y la administración en la calle Bouchard 680.

Todavía se está por completar la reglamentación de la nueva ley que permite el armado de autos artesanales o fuera de serie. Ya lleva un tiempo largo en el Congreso de la Nación. Hasta que no se termine con esa reglamentación la ley de armado fuera de fábrica no entrará en vigencia, pese a que ya lleva más de un año de sancionada. Espero que salga pronto para que nuevamente en Argentina aparezcan autos como el GPA del año 1975.

Las fotografías las tomé en el stand del Club de Automóviles Sport el viernes 9 de octubre de 2015 cuando concurrí, como acreditado de prensa, a la 15ª edición de Autoclásica en el parque del Hipódromo de San Isidro en la provincia de Buenos Aires.

Para los interesados en ver cómo era, en su momento, y conocer algunos datos técnicos más detallados les dejo el enlace con la nota del año 2012 del GPA: 

Mauricio Uldane
Editor de Archivo de autos


Archivo de autos es armado en un ciber por falta de recursos económicos ya que no cuenta con financiación de ningún tipo.

Saturday, October 24, 2015

La Preguntita del Domingo

La semana que comienza retornamos con una pregunta sobre un automóvil no tan antiguo y la incógnita es la siguiente:


¿Qué marca tuvo este automóvil cuando se lo presentó?

Para muchos no será difícil, para otros un poco más y algunos no tendrán idea. Eso pasa siempre y es el momento oportuno para aprender algo nuevo. Lo que se descubre por investigar no se olvida jamás. Como siempre tienen tiempo de responder hasta el viernes 30 de octubre a las 20 horas y la respuesta correcta aparece el sábado 31 a las 0:30 horas. Las respuestas me las envían a este correo electrónico: archivodeautos@gmail.com.

Mauricio Uldane
Editor de Archivo de autos


Archivo de autos es armado en un ciber por falta de recursos económicos ya que no cuenta con financiación de ningún tipo.

Calle desierta

Como todas las mañanas me desperté temprano para ir a mi trabajo. Siguiendo la rutina, luego de desayunar, me dirigí a mi auto estacionado en la calle para ir a la oficina. La primera sorpresa del día: mi auto nuevo no estaba estacionado. “¡Me lo robaron!”, fue lo primero que pensé. Ahora con los acontecimientos acaecidos fue una estupidez de mi parte.



Ya era tarde para lágrimas y para hacer la denuncia. Así que volví a entrar a mi casa para buscar las llaves de mi Chevrolet 400. Dejé las llaves del nuevo colgadas y tomé las del Chivo. El Chivo duerme en el garaje de casa a buen resguardo.

Segunda sorpresa: el Chivo no estaba. Pero lo curioso que el portón del garaje estaba cerrado, sin llave pero cerrado. “¡Qué chorros tan prolijos”!, pensé. Se llevaron mis dos autos sin dañar nada. Justo que iba a volver a entrar al garaje lo vi. Enfrente estaba Don Abstemio López, lo llamamos así porque es el borrachín del barrio. López es su apellido, pero creo que ni él recuerda su nombre.

El tipo vive de curda en curda. No sé cómo está vivo todavía. Debe tener un hígado de acero inoxidable. Me cruzo la calle, que estaba desierta, y lo encaro a Don Abstemio. “¿No vio si alguien se llevó mis autos?”, le dije sin mucha convicción que me diera una respuesta razonable. Ya olía vino y todavía no eran las 8 de la mañana.

“Sus autos se fueron para el lado del río”, me dijo Don Abstemio señalando con el vaso vacío en su mano derecha. “¿Y quién se los llevó?”, le inquirí con cara de espanto. “Solos, los autos se fueron solos uno detrás del otro”, me dijo con una calma que solo lo podía dar el grado de alcohol en sangre que ya tenía en esa mañana de primavera.

“Como todos los autos de la cuadra”, me dijo y me señaló con el vaso vacío lo que no había visto: no había ninguno estacionado en la cuadra de mi casa. Es un lugar al que cuesta conseguir donde dejar el auto en la noche. En esa cálida mañana de primavera la calle estaba desierta. Ningún auto a la vista.

Tan loco estaba por la ausencia de mis dos autos que no me había dado cuenta al cruzar a mitad de cuadra para hablar con Don Abstemio. “¿Y dónde se fueron los autos de la cuadra?”, luego que dije “fueron” caí en cuenta que ya hablaba como Don Abstemio López. No había dicho robado. 

La respuesta de Don Abstemio me la temía: “se fueron para el lado del río. Solos, se fueron solos”, me dijo con mirada acuosa fijada en el horizonte de la calle hacia el río. Lo de “solos” me quedó retumbando en la cabeza por unos segundos. Era como si mi mente estuviera procesando eso de “solos”.

“Puedo ser el borracho del barrio, pero no soy ningún pelotudo para darme cuenta cuando un auto no tiene chofer”, me dijo Don Abstemio cómo si le hubiera insultado el honor de sus palabras. “No dudo de lo que me dice, es que no puedo creerlo”, le dije. “Yo tampoco, hace más de tres horas que tengo el vaso vacío y no tengo la fuerza para entrar a casa y llenarlo”, me dijo el borrachín del barrio.

Para su estado de vida estaba sobrio. Y eso marcaría un antes y un después en su vida. Como no podía dormir se había levantado de la cama y había salido a tomar el aire fresco de esa incipiente mañana de primavera de octubre. Ya estábamos a finales del mes y el calorcito era esquivo. Pero hoy no parecía que fuera hacer frío, todo lo contrario.

Como no podía dormir se paró en la puerta de entrada de su casa. Entonces, antes que el sol terminara de subir por el horizonte todos los autos de la cuadra se pusieron en marcha solos y se fueron para el río. Ese hombre me contaba eso para tratar de exorcizar semejante acontecimiento. Y ni siquiera había atinado a reponer el vino de su vaso vacío.

“Creo que no vuelvo a tomar un gota de vino en mi vida”, me dijo con cara de asombro. Creía que con eso espantaría de su mente lo que solo él había visto: los autos de la cuadra se habían idos solos. Me decía ser el único testigo de la ida de los autos rumbo al río. Aunque esto era una suposición de Don Abstemio.

No había pasado ningún auto desde que me crucé a preguntarle a Don Abstemio. Me volví para el garaje de mi casa en busca de mi vieja bicicleta. Esa que me acompañó como medio de transporte por espacio de 20 años. Ahora sería mi vehículo en busca de mis dos autos perdidos. Era como si algo, o alguien, los hubiera arriado como si se tratara de ganado mecánico.

Estaba dispuesto a averiguar qué les había pasado. Total no creo que nadie fuera a trabajar hoy. Si no había ni colectivos, ni taxis, ni autos, y dudaba que los trenes funcionaran. Así que descolgué mi vieja bicicleta y le inflé los neumáticos. Menos mal que hace algunos años me agencié de un viejo compresor que un chapista, que cerraba su taller, me lo vendió por unos pocos pesos.

Es uno de esos grandes que usan en los talleres de chapa y pintura. Más de una vez me había sacado de un apuro para inflar alguna rueda de mi querido, y ahora desaparecido Chivo. En especial cuando un domingo a la mañana temprano, justo antes de partir a un encuentro de autos, descubría que una de sus “patitas” estaba baja.

Tierra no tiene mi bicicleta porque hace años le hice una funda. Solo un poco de aire y estaba lista para llevarme a la verdad de lo sucedido a mis autos. Yo no sabía si iba a estar listo para reanudar el pedaleo luego de años de haberlo abandonado. Pero como dice el refrán “andar en bicicleta nadie se olvida”. Seguro que algo debía de estar oxidado en mi medio de propulsión…

Monté en mi bicicleta y salí despacio a la calle como para tomar temperatura en mis músculos olvidados del pedaleo. En la cuadra de mi casa me gané miradas de odio de algunos de mis vecinos por tener un medio de transporte alternativo. Creo que tarde o temprano todos andaremos en bicicletas en las grandes ciudades de este bendito planeta. Y no porque un funcionario gris de turno tuvo la brillante idea. Sino por necesidad de movilidad.

Era cierto, uno de andar en bicicleta no se olvida. Pero seguro que cuando volviera a mi casa no iba a olvidar que tenía algunos músculos perdidos en ciertas partes de mi cuerpo. Mi hablar de traste que me dolería por algunos días. Con esos pensamientos en mi cabeza terminé de comprobar que no había ningún auto estacionado en las calles, ni dentro de los garajes, algunos permanecían abiertos.

Muchos vecinos del barrio estaban reunidos tratando de ver qué carajo le había pasado a sus vehículos de locomoción. Yo ya tenía el mío propio y me estaba dando satisfacción. Debe ser por las endorfinas que se libera en el cuerpo por el ejercicio físico. Así que ahora mi meta era pedalear tranquilo, pero sin pausa, rumbo al río. Tal como me dijo Don Abstemio López.

Al andar me di cuenta que si seguía por la calle donde circulaba pasaría por delante de la casa de mi amigo Raúl. No hizo falta tocarle el timbre. Estaba como loco de un lado para otro buscando su preciado auto deportivo. El siempre se ha querido destacar del resto con sus autos. Si son rojos deportivos y con mucha velocidad final es su auto ideal. Como el que se había comprado solo seis meses antes y que seguro no había terminado de pagar.

De lejos lo vi a los manotazos. Mitad dentro de su garaje y la otra sobre la vereda. Hablaba con alguien pero no veía a la otra persona que estaba dentro del garaje. Era su mujer que parecía estar todavía en pijama y con todo el pelo revuelto. Claro el deportivo rojo de Raúl no estaba en el garaje. Eso no hace falta que se los diga.

Cuando paré justo delante del garaje de Raúl hice sonar mi bocina de pera de goma. Tiene un sonido que puede inducirte a error. Depende de donde la haga sonar parece un camión. Raúl pegó un salto, porque estaba de espaldas a la calle hablando con su esposa. Ella me saludó con la mano derecha. Es una mujer encantadora y simpática que nunca supe qué le vio a Raúl. 

Raúl es un tipo obsesivo que puede llegar a ser exasperante. Sin decir el mal humor que a veces tiene por las mañanas. Lo conozco del secundario y siempre fue así. Creí que cuando conoció a Marta, su esposa, las cosas cambiarían pero no, todo lo contrario. Pero en parte Marta era su cable a tierra. Era la que lo serenaba y lo volvía a la realidad.

Esa realidad que en esa mañana de primaveral parecía que se había ido de viaje junto con los autos para el río. Luego de repuesto del susto de la bocina de mi bicicleta, Raúl, se dio vuelta para ver quién era el estúpido. El estúpido, claro, era yo. Lo vi en sus ojos. Lo mismo que la sonrisa de Marta ante la reacción de Raúl.

“¿Qué haces en esa bicicleta?”, me gritó desde el portón levadizo y automatizado de su garaje. “Voy para el río”, le dije a modo de intriga. Me encanta hacerlo engranar. Además puede llegar a ser muy crédulo. Pero en la cara de Marta también vi pintada la duda con una mezcla de sorpresa por mi respuesta.

“¿¡Y qué carajos vas hacer al río!?”, me espetó en un grito desesperado tratando de encontrar una lógica a todo. Pero ese día la lógica parecía que se había quedado dormida o se había ido de viaje. Tal vez estuviera en el río. Lo iba a averiguar.

“Voy en búsqueda de mis dos autos”, le dije serio y me quedé esperando su reacción. No tardó en llegar el insulto y Marta que trataba de calmarlo. Una tarea inútil esa extraña mañana de primavera del mes de octubre, de finales de octubre.

Raúl no lograba entender que los autos, nuestros autos, se habían ido solo para el río. “Me lo dijo Don Abstemio”, le dije para tener una fuente segura de lo sucedido con los autos del barrio. “¿El borracho?”, me preguntó como si yo estuviera loco. Le dije que si y que nunca lo había visto sobrio como esta mañana. Hasta le dije que el vaso en su mano estaba vacío.

“Vamos”, me dijo resuelto a averiguar lo que le había pasado a su deportivo rojo. “Yo voy en mi bicicleta. ¿Y vos en que vas a ir hasta el río? Son como 10 kilómetros para ir a pie”, le dije a Raúl. Recién ahí tomó conciencia que en todo el barrio no había un solo vehículo a motor que estuviera en el lugar.

Se dio vuelta y le dijo a Marta: “prestame tu bicicleta”. Por supuesto que Marta de la dio de buena gana. No creo que tuviera ganas de lidiar con su locura desde tan temprano en la mañana. Lo que debo decirles es que Raúl siempre fue, es y será un recalcitrante machista. Algo anacrónico en los tiempos que corren.

El tema es que la bicicleta de Marta es de un subido color rosa chicle metalizado. Color que siempre le ha gustado a Marta y que Raúl odia con todas sus fuerzas. Así que debía de estar muy loco para subirse a la bicicleta de su amada esposa. Claro que era el último transporte disponible en varias cuadras a la redonda.

Marta usa a diario su bicicleta por lo cual no fue necesario inflar sus neumáticos como me había pasado a mí. Mi bicicleta verde al lado de la rosa de Marta parecía excesivamente seria y eso se notaba a la distancia. Pero los ánimos no estaban con la temperatura para mencionar ese pequeño detalle.

“Cuidalo por favor. Está reloco”, me dijo Marta al oído sin que Raúl se diera cuenta. Con un gesto afirmativo de mi cabeza le di a entender que lo haría. La verdad que estaba trastornado por descubrir que su amado deportivo rojo no estaba en el garaje.

“Arranquemos para el río”, me dijo en tono resuelto calzándose el casco de Marta, que como era de esperar hacía juego con el color de la bicicleta. Mi casco era negro, otra cosa que nos podía en un contraste impresionante, pero me guardé muy bien de señalárselo a Raúl.

Así partimos en busca de nuestros autos qué por alguna extraña razón, o fuerza, se habían puesto en marcha solos y su destino final, parecía ser, era el río. A los pocos minutos de pedalear en silencio, Raúl, me dijo “¡qué lindo es andar en bici! Me había olvidado de la sensación”. Era evidente que las endorfinas habían comenzado a tranquilizar, y cambiar el ánimo de mi amigo.

Cuando éramos chicos solíamos salir los dos juntos a pedalear por ahí. Solíamos perdernos por barrios y calles lejanas. Varias horas podíamos llegar a estar arriba de la bicicleta sin sentir cansancio alguno. Pero claro éramos adolescentes en plena ebullición primaveral.

En el camino al río no vimos un solo auto, camioneta, camión o colectivo en las calles que cruzamos y por las que circulamos. Lo que sí vimos fue a personas caminando o reunidas en algunos puntos de la ciudad tratando de descubrir qué había pasado. Nos sorprendió ver, a la vuelta de la esquina de la calle donde veníamos, a un policía a pie.

Al vernos venir en las bicicletas nos hizo señas para que nos detuviéramos. “¿Para dónde van?”, nos preguntó más como curiosidad que con tono de autoridad a cargo de la seguridad de los habitantes de la ciudad. “Vamos hacia el río”, le dije a modo de vocero oficial del equipo de rescate de nuestros autos.

“¿Al río? Donde se fueron los autos”, nos dijo el cana. Entonces Don Abstemio tenía razón, los autos se había ido para el río. Le dijimos que si y que tratábamos de saber que les había pasado a nuestros autos. “A mí me pasó lo mismo. Al salir de mi casa me encontré sin el auto estacionado en la cuadra. Pensé que me lo habían robado, pero cuando hablé con un compañero de trabajo me dijo que le había sucedido lo mismo. Ahí me dijo que los autos se habían encaminado hacia el río. No entiendo qué pasó”, nos dijo el policía de a pie con una cara de asombro que no me trajo tranquilidad.

Si la autoridad estaba desconcertada que nos quedaba a los ciudadanos de a pie, en realidad en bicicleta. En eso estábamos un paso adelante del cana. Nos dijo que iba caminando hacia la comisaría donde tomaba servicio para procurarse de una de las bicicletas de la fuerza. Nos despedimos del policía y le dijimos que nos veíamos en el río. Le llevábamos ventaja.

Seguimos pedaleando sin cansancio, cosa que nos parecía algo anormal, luego de tantos años de no subirnos a una bici. “Mañana nos vamos a acordar del paseo de esta mañana”, le dije a Raúl. Mi amigo afirmó mis dichos con un movimiento de cabeza. Lo dijo con algo de resignación. Pero todo el esfuerzo valía la pena para descubrir el destino de nuestros autos.

En mis buenos tiempos de ciclista podía hacer 9 kilómetros en media hora. Ya llevábamos unos 45 minutos de pedaleo y todavía nos faltaba un par de kilómetros para llegar al río. Claro que íbamos a una velocidad de pedaleo acorde a nuestro estado físico actual: lamentable.

Llegamos al río. En la costanera no había ningún auto a la vista. Pero algo en mi interior me decía que los autos estaban cerca, y que no eran pocos. “¿Dónde mierda están los autos?”, dijo Raúl retornando de inmediato a su pésimo carácter. Hay cosas que no cambian según pasen los años, y a veces para mal.

“Busquemos a los autos. Creo que están cerca”, le dije a Raúl para tranquilarlo en parte y porque estaba seguro que los autos estaban a poca distancia de ese lugar. Lo presentía y mis presentimientos los respeto. Aprendí a tomarlos en cuenta con el correr de los años. Antes no le daba bolilla y así me iba en la vida. Ahora cuando le hago caso a mis presentimientos, por locos que parezcan, acierto y me pongo a la cabeza en las decisiones. Eso en mi trabajo se convirtió en mi arma secreta.

Por alguna razón le dije a Raúl que fuéramos hacia el norte por la costa del río. “¿Por qué?”, me preguntó. No le dije que era un presentimiento porque mi amigo no cree en eso. Le dije que parecía más lógico que los autos se fueran para ese lugar porque era el más apartado de la ciudad. Lo cual era cierto. Mi teoría lo dejó tranquilo e hizo un gesto de afirmación.

Así que pusimos en marcha las bicicletas hacia la margen norte del río, justo en el sentido contrario de la corriente. Tampoco vimos ninguna embarcación navegando por las aguas del río. Todo parecía estar en silencio. Lo único que oíamos era el sonido del agua chocando contra las murallas de la costanera y el canto de los pájaros en primavera.

Zorzales, calandrias, horneros, palomas, gorriones y hasta cotorras nos ponían música en nuestro camino junto al río en esa mañana de primavera. Nosotros seguíamos en busca de nuestros autos perdidos, o extraviados.

Adelante el río hacia una curva hacia la izquierda por lo tanto no veíamos más adelante hasta que entráramos en la curva. Al entrar vimos todo y nos quedamos petrificados. Los autos de la ciudad estaban todos juntos unos 500 metros más adelante. Autos, camionetas, camiones y hasta colectivos estaban estacionados de trompa hacia el río como si estuvieran en misa.

No lográbamos entender qué pasaba. Nos fuimos acercando de a poco y descubrimos que la cantidad de autos era inmensa. Nunca en mi vida había visto tantos autos estacionados, en esa cantidad, ni de esa forma. Estaban tan juntos unos contra otros que apenas quedaría un centímetro entre auto.

Ningún humano podría haberlos estacionado de esa forma. ¿Cómo hubieran hecho para salir del habitáculo? Era imposible abrir las puertas. Por eso era que la cantidad de autos era incalculable y todos de trompa al río con los motores apagados, como rezando. Eso era lo más loco de toda la situación. Pero algo más increíble nos quedaba por ver.

Apoyamos las dos bicicletas a la sombra de un árbol y nos sacamos los cascos. Con Raúl estábamos tratando de entender qué había pasado con nuestros autos, que todavía no habíamos visto en ese mar de autos. Nos quedamos un rato debajo de la sombra reparadora del árbol pensando qué había traído a los autos hasta este lugar apartado.

Ni siquiera se podía caminar entre los autos estacionados, porque como estaban de juntos de lado, lo estaban de trompa con cola. Apenas un escaso centímetro los separaba. Para poder avanzar había que saltar por los techos y capot. Cosa que no pensábamos hacer con Raúl. No había ninguna seguridad que no se pusieran en marcha solos como lo habían hecho para llegar hasta este sitio.

Tampoco habíamos visto a nadie más que estuviera en el lugar. Hablábamos de eso cuando vimos que el policía que nos cruzamos en el camino hacia el río, aparecía en la curva. Le hicimos señas y se acercó hasta nosotros. La cara de asombro del cana nos decía todo, estaba tan desconcertado como nosotros. No podía dar crédito a sus ojos.

“¿Qué están haciendo?”, nos preguntó el policía. A dúo le dijimos que estaban rezando. Ante la cara del cana le dijimos que al menos eso era lo que parecía. Seguía sin poder creer lo que sus propios ojos le transmitían a su cerebro. 

“¿Vienen más policías?”, le pregunté. Me dijo que sí pero eran pocas las bicicletas. Así que la mayoría se estaban desplazando a pie. Iban a tardar al menos una hora en llegar todos. Para cuando llegaran todo habría estado resuelto. En ese momento no lo sabíamos.

Los tres mirábamos a los autos tratando de descular este entuerto, cuando algo comenzó sonar. Era como un motor, pero a su vez no lo era. Un zumbido o algo parecido. Las aguas del río comenzaron a agitarse de repente y algo comenzó a emerger, como si se tratara de un submarino. Claro que no lo era. 

Lentamente una esfera gigantesca de un color negro muy brillante emergía de las aguas. La superficie parecía pulida a espejo y de un material desconocido para nosotros tres. El zumbido era cada vez más agudo. Los autos encendieron todas sus luces como si se tratara de un saludo.

Acto seguido todos los vehículos estacionados de trompa al río se pusieron en marcha y comenzaron a acelerar rabiosamente. “Están gritando”, dijo Raúl que ahora parecía que había logrado entender la extraña situación que nos tocaba vivir. “Sí, eso parece”, le dije a Raúl tenía mucho sentido común dado los acontecimientos que estábamos viendo.

Mientras la esfera negra brillante seguía elevándose sobre las aguas. Cuando estuvo como a unos 15 metros sobre el río comenzó a girar. Primero lento y luego con una rapidez que nunca había visto en mi vida. Los autos seguían enloquecidos acelerando a fondo. Pensé que luego que todo esto terminara, porque sabía, presentía, que acabaría, muchos propietarios tendrían problemitas con sus motores.

La imagen que asaltó mi cabeza en ese momento fue la de un grupo de fanáticos de alguna secta en presencia de su líder. Espero que no se suiciden saltando en masa hacia el río. Pero me guardé de decírselo a mis dos compañeros de la extraña experiencia, ¿paranormal? No lo sabía. También podía ser algo extraterrestre. Dudas, muchas dudas en mi cabeza.

La esfera giraba enloquecida y comenzó a cambiar de color. Pasó por toda la gama de colores que conocía y algunos que ni imaginé que existieran, como si no fuera de este planeta. El zumbido era ensordecedor y si le sumamos el rugido, por ya era eso, de los motores, todo parecía una fanática imagen de una pseudo religión.

Lentamente la esfera comenzó a elevarse y algo noté en los autos que me puso la piel de gallina. Los autos estaban levitando. Habían abandonado el suelo, más o menos, en unos 50 centímetros. Seguían acelerando a fondo y ahora comenzaron a hacer sonar sus bocinas. No solo gritaban, ahora saludaban a la esfera que había vuelto a ser negra brillante.

La esfera seguía su camino al cielo. Pero por suerte los autos habían vuelto al piso y no parecía que fueran a precipitarse al río. Simplemente le daban la despedida a la esfera negra que los había atraído al río en aquella cálida mañana de primavera de fines de octubre.

En un abrir y cerrar de ojos la esfera negra se esfumó en el cielo y los autos apagaron los motores y las luces. También sus bocinas dejaron su loco sonido atronador. “¿Qué fue eso?”, dijo el policía. “No tengo la más puta idea”, le dije. “Pero seguro que no era de este planeta”, le agregué.

El tema era cómo íbamos hacer para devolver los autos a sus lugares. En eso pensaba cuando nuevamente se pusieron en marcha. “¿Y ahora qué?”, dijo Raúl. Rápidamente nos dimos cuenta que pasaba. Como si los autos respondieran a una orden preestablecida, comenzaban a regresar, solos, al lugar de dónde habían venido.

Lentamente se pusieron en marcha y se armó una larga caravana. Tanto Raúl, como yo, vimos pasar a nuestros autos en perfecto estado. “¡Ahí va el mío!”, gritó el policía señalando uno de color verde claro. Su cara se iluminó. “Me costó mucho comprarlo”, nos dijo a modo de excusa.

Los tres decidimos que lo mejor era no tocar nuestros autos y que volvieran a casa solos. Además ninguno de los tres tenía encima las llaves de nuestros respectivos autos. Las habíamos dejado en casa pensando que nos los habían robado. Nunca pensamos que si lo encontrábamos no tendríamos forma de ponerlos en marcha sin romper algo.

Nunca pudimos saber qué pasó esa mañana de primavera, pero lo que sí entendimos fue que no tuvimos autos por varias horas. Alguien, o algo, nos hizo ver cómo sería nuestra sociedad sin autos: un verdadero desastre. 

Ahora, a la hora de escribir estas líneas, les cuento que vendí mi auto nuevo. Conservé el Chivo que uso los fines de semana y para ir a encuentros de autos. Para moverme en la ciudad uso mi vieja bicicleta verde. ¡Ah! Lo paso a buscar a Raúl por su casa y nos vamos pedaleando a nuestros trabajos. Eso sí, Raúl se compró una bicicleta roja con un montón de cambios. El deportivo lo vendió. Y mi vecino de enfrente, Don Abstemio, hace honor a su nombre.

Mauricio Uldane

Pueden leer todos los relatos publicados en el blog de Archivo de autos en este enlace: http://archivodeautos.blogspot.com.ar/p/relatos.html

Archivo de autos es armado en un ciber por falta de recursos económicos ya que no cuenta con financiación de ningún tipo.

Friday, October 23, 2015

La Respuestita del Sábado

Bentley con pinta de otro auto


Esta semana no hubo ganadores que acertaran con la marca del viejo automóvil que era Bentley del año 1935.

Blentley del año 1935 carrozado por Hooper.

 

El Bentley de la fotografía era del año 1935 y fue carrozado por Hooper. Tenía un motor de 6 cilindros en línea con una cilindrada de 3.699 centímetros cúbicos y podía superar los 150 kilómetros por hora.

Este fue el primer Bentley fabricado en las instalaciones de la localidad de Derby, en Gran Bretaña, que era propiedad de la empresa Rolls Royce. La marca Bentley pasó a ser una segunda marca de la Rolls Royce y se lo presentó en las pruebas hípicas de Ascot, en agosto de 1933, como “The silent Sports car” (el coche deportivo silencioso). Luego de más de 10 años de competencia entre ambas marcas la Bentley fue absorbida por la Rolls Royce.

W. O. Bentley, fundador de la marca, quedó solamente como un piloto de pruebas y no tuvo la menor injerencia en el diseño de los Bentley que salieron de la planta de Derby. Incluso estos nuevos modelos, a partir del año 1933, estaban destinados a una clienta diferente a los viejos Bentley deportivos.

Tan solo se fabricaron 1.191 unidades del modelo presentado en el año 1933 y para el año 1936 se lo dotó de un motor de 4.257 centímetros cúbicos. La suerte de la marca Bentley estaba hecha, pasó hacer el modelo más económico de la marca Rolls Royce. Por eso la similitud de carrocerías en los siguientes décadas. La vieja fotografía del Bentley con carrocería Hooper del año 1935 lo tomé de la Enciclopedia Salvat del Automóvil editada en Argentina en el año 1976.

Mauricio Uldane
Editor de Archivo de autos


Archivo de autos es armado en un ciber por falta de recursos económicos ya que no cuenta con financiación de ningún tipo.

Fiat 124 y su motor al descubierto

En el año 1966 la empresa italiana Fiat SpA (Società per Azioni) presentó su nuevo modelo el Fiat 124. Este automóvil era en parte moderno y en parte de concepto tradicional, en cuanto a su mecánica. Motor delantero longitudinal con tracción trasera. Para los argentinos nos trae reminiscencias al Fiat 128, pero solo se parecía en su carrocería.

Motor del Fiat 124 del año 1966.


El motor, del cual vemos su transparencia, era de cuatro cilindros en línea con una cilindrada de 1.197 centímetros cúbicos con una potencia de 60 CV DIN a 5.600 revoluciones por minuto y la relación de compresión era del orden de 8,8:1.

Según la empresa Fiat el 124 podía superar los 140 kilómetros por hora y lo más llamativo, para un automóvil de su segmento, era que venía con frenos a disco en las cuatro ruedas. Algo que solo era posible ver, a mediados de los años sesenta, en automóviles deportivo de mayor cilindrada y porte.

Como podrán apreciar el uso del alternador todavía no se había extendido a automóviles utilitarios de la categoría mediano-chico. Lo que sí tenía era 5 bancadas para que apoyara el cigüeñal. Esto también era más acorde a un motor de mayor cilindrada.

El Fiat 124 tendrá versiones en varios países europeos pero los argentinos nunca lo conocimos. Para esa época Fiat Concórd fabricaba el Fiat 1500. La caja de velocidades que aparece acoplada al motor, y también seccionada, era la misma que usaban los Fiat 1300 y 1500 en Italia. Hasta conservaba las mismas relaciones para sus diferentes velocidades, que eran cuatro.

La culata o tapa de los cilindros era de aleación liviana y las cámaras de combustión presentaban una conformación diédrica. El carburador que alimentaba al motor del Fiat 124 era de la marca Solex modelo C 32 PHH/6 de dos cuerpos de apertura simultánea. Esto lo compartía con el Lancia Fulvia.

El filtro de aire, que casi se encuentra en posición vertical, era del tipo seco con material filtrante de papel. Se comenzaba a abandonar el filtro de aire en baño de aceite. El filtro de aire tenía posición de invierno y verano. El sistema de refrigeración presentaba un recipiente de recuperación de material plástico y se necesitaban 6 litros de agua para completar el nivel de enfriamiento del motor del Fiat 124 del año 1966. Por otra parte el sistema de lubricación contaba con filtrado total y la capacidad era de 3,9 litros de aceite.

El dibujo de la transparencia del motor del Fiat 124 la tomé de la revista Automundo número 56 de 1 de junio de 1966. Esta revista era editada por la Editorial Codex en Argentina y tenía corresponsales extranjeros para notas como la del Fiat 124.

Mauricio Uldane
Editor de Archivo de autos


Archivo de autos es armado en un ciber por falta de recursos económicos ya que no cuenta con financiación de ningún tipo.

Popular Posts